La Vela Blanca es una montaña que recibe este nombre por que en su base hay una brillante mancha de color blanco que hay intrigado a navegantes desde la antiguedad.

Esta curiosa roca ha servido a los marineros como punto de referencia en sus travesías por el Mediterráneo y el mar de Alborán hacia el Atlántico.

La cima de la montaña está coronada por una torre vigía del S XVIII que, junto al castillo de San Francisco de Paula (actual faro de Cabo de Gata) formaba parte del sistema defensivo frente a los piratas.

A este lugar se puede acceder en coche por una vieja y empinada carretera que zigzaguea la montaña hasta la cima. Y la vista es realmente sobrecogedora, hacia el oeste, el valle de Mónsul, Cala Carbón y La Media Luna.

Hacia el este, Cala Rajá y el Arrecife de Las Sirenas.

A esté lugar paradisíaco subió hace años, la pareja protagonista de esta historia. Una vez en la cima, por razones no muy claras, el coche se precipitó por el acantilado. Aunque este pueda ser un lugar fantástico para morir, parece que este no era su día, quedando el vehículo atascado entre dos rocas al borde del precipicio.

 

 

Quiso el destino que ese día estuviese de guardia en el servicio de ambulancias mi amigo Sergio, que se desplazó al lugar bajando hasta el coche proporcionando los primeros auxilios hasta que llegaron los bomberos.Ya casi habíamos olvidado esta historia hasta que este invierno, con las lluvias, cayó el coche que había estado atrapado en el acantilado desde entonces.

Cuando descubrí los restos, fuí hasta allí con mi amigo Sergio y fuimos los dos a explorar el lugar.

El paso del tiempo ha transformado el vehículo en un amasijo de hierros retorcidos.

Los despojos del coche contrastan con la belleza de este lugar inaccesible… en silencio, intentamos sacar alguna conclusión de este trágico acontecimiento…

Finalmente, decidimos seguir elucubrando sobre el sentido de la vida con una cervecita en el cabo.